Las operaciones vinculadas son transacciones realizadas entre personas o entidades que mantienen determinadas relaciones societarias, de control, administración o parentesco. Aunque se celebren dentro de un mismo entorno empresarial, la normativa del Impuesto sobre Sociedades exige que se valoren por su valor de mercado: el precio o condición que habrían acordado partes independientes en circunstancias comparables.
Por ello, documentar operaciones vinculadas no consiste únicamente en guardar una factura o firmar un contrato. Cuando existe obligación de documentación específica, el contribuyente debe poder explicar quiénes son las partes, qué se ha hecho, qué funciones y riesgos asume cada una, cómo se ha determinado el precio y por qué el método de valoración utilizado permite concluir que la operación respeta el principio de libre competencia. Además, determinadas operaciones deben declararse en el Modelo 232.
La clave práctica es distinguir tres cuestiones: valorar siempre correctamente la operación, determinar si existe obligación formal de conservar documentación de operaciones vinculadas y comprobar, por separado, si procede presentar una declaración informativa.